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Terra
La Coctelera
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Corazón mojado

La acera de mi casa guarda casi siempre un bonito tesoro: un charco en forma de corazón.

Cuando llueve no se ve, pero él está ahí, formándose. Y cuando el sol brilla de nuevo y todo se ha secado, allí aparece el corazón, todo mojado y claro. Aguanta muchos días sin evaporarse ni salir corriendo, contrariamente al resto de sus amigas, las otras gotas.

Siempre lo veo, cuando entro, cuando salgo, cuando paso deprisa o cuando ando despacio; lo miro, lo reconozco y le sonrío.

Pero siempre lo esquivo. No me atrevo a ponerme a saltar y a chapotear alegre y despreocupada en su interior.

Me digo que si lo hiciera lo destrozaría: dejaría de ser un corazón. Y pasaría a ser un charco cualquiera, informe, roto y desnaturalizado, un conjunto de nada flotando húmedamente entre los pasos ajetreados y ausentes de la gente.

Prefiero mantenerlo así, intacto, sin pisarlo.

De esta manera al menos puedo contemplarlo, y decirme, risueña, desde mi nube, cada mañana, que qué bonito es.

Aunque nadie lo vea ni lo reconozca. Aunque solo yo me alegre de poderle sonreír a ese corazón, a ese precioso corazón de agua, solitario, perenne, y eternamente mojado.

5, jun | 3 comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo

Roturas benefactoras

Es verdad que a veces me falta en mi almohada tu abrazo, y un poquito de tu desapasionado calor. Despertarme enroscada en ti o sentir la caricia leve de tu mano en mi espalda; tu cuerpo protegiendo el mío, ese simulacro de cariño en el que, con tu roce, me hacías creer .

Es verdad que a veces echo de menos la ilusión por verte, por dejarme sentir bajo las farolas la falsa magia de tu brazo apretando mi cintura, de tus dedos en los míos y de tu boca buscando mi piel.

Es verdad que a veces rememoro la quimera de tu frívolo amor. El espejismo que eran tus besos, tu aroma en mis sábanas y tus guisos picantes saltando por entre los fogones de mi cocina. Que alguna vez despierto recordándote sola en la penumbra a mi lado, o encima o debajo de mí, y en una chispa evoco, mientras toco los rincones fríos de la cama con la punta de los pies, la sensación de tu cuerpo envolviendo el mío, envolviendo, engañosamente, su soledad.

Pero tanto más cierto es que aunque todo eso, a veces, me falte, no me falta en realidad nada de ti. Porque tanto más me faltabas cuando estabas, porque no estabas, porque no se puede estar llena de un cuerpo vacío, porque mi alma sabe ya que no se puede extrañar de verdad lo que no fue.

Es verdad que a veces pienso que me hubiera gustado que las cosas hubieran sido de otra manera. Tan verdad como que no lo eran.

Y es por eso que, aunque me haya quedado vacía de tu caricia, me siento en otros lados muy llena de mi con tu rotura.

La rotura que los cosidos de mi corazón han aprendido por fin, investidos de su sudada sabiduría, cuándo y por qué hay que saber hacer.

Mi corazón se siente contento. Elegir tu rotura a tiempo lo ha salvado de lucir otro feo zurcido más.

Ya no tenía ganas, ni fuerzas, ni excusa ninguna, para soportarlo.

Tal vez ése sea el primer paso en el camino a No Tener que Hacerlo Nunca Más.

30, may | sin comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo

Enferma crónica

Sufro de una enfermedad crónica. No está descubierta ni identificada todavía; mucho menos catalogada. Ni siquiera intuida: nadie sabe que existe. Pero está.

No es psicológica, ni psicosomática. No se sabe qué la causa, ni en qué extraño entresijo de la vida reside su porqué.

Consiste en que mis sentidos padecen de una suerte de locura, y se oponen instintiva y frontalmente a lo que les dicta mi razón. No es por cabezonería, ni por llevar la contraria. No eligen: son sencillamente así.

Aquello que los atrae es irremediablemente contrario a lo que contenta a mi espíritu. Mi piel, mis labios, mi cuerpo y mis entrañas más íntimas resultan sentirse colmados solamente con aquellas pieles, labios, cuerpos y entrañas más íntimas que nunca satisfarán el resto de mi ser. Los que lo podrían llenar, a mis sentidos no les sientan bien. No los despiertan, ni los encienden, ni les hacen cosquillas ni los hacen desear.

No es un resorte extraño del alma, una aversión oculta a querer, un rechazo inconsciente a lo que tiene opción de ser. No es una elección instintiva a la imposibilidad, un recurso insondable y misterioso que rehúya la unión. No, no lo es.

Porque mi razón identifica. Mis sentidos intentan. Intentan doblegarse, hasta acostumbrarse. O, llegado el caso contrario, resistirse a ellos mismos.

Pero una y otros nunca se encuentran. Y se enzarzan una y otra vez en una danza imposible sin fin, terminando exhaustos y convencidos por igual, cada uno en su lado, opuesto.

No mando sobre lo que me gusta. No mando sobre cómo me siento en un plano o en otro. No mando sobre lo que me produce bien, o mal, estar. Me limito a identificarlo, solo sintiéndolo.

No mando sobre qué me produce un beso, un abrazo, un cuerpo, un sentir dentro de mí. No mando sobre qué me traspasa los poros. Sobre cómo me sienta cómo me hagan el amor. Ni sobre cómo percibo una voz o un tono y lo que me transmite, ni sobre si una caricia o un gesto o una mirada me hacen erizar la piel. No mando sobre todo eso; solo puedo constatar cómo me sienta, indefensa ante la aplastante obviedad.

La misma aplastante obviedad de que nunca emana de alguien capaz de pintar el resto mis ángulos.

Mis ángulos son incompatibles. Antagónicos. No pueden estar todos llenos a la vez.

Tengo una enfermedad crónica. No tiene cura.

Todo lo que puedo hacer es aprender y aceptarla, para ser capaz de gestionar cada vez más eficientemente sus efectos.

Si no puedes vencer al enemigo, únete a él, reza el refrán. Pero es un poco difícil cuando el enemigo... es también una parte intrínseca, no elegible, de uno mismo.  

16, may | 2 comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo

Noche primaveral

Unas copas tranquilas de "after-work" con los amigos.

Conversaciones distendidas, confianza.

El placer de poder sentirse enteramente a gusto siendo uno mismo.

Un paseo tranquilo y solitario de vuelta a casa, saboreando la cálida noche primaveral. Temperatura agradable, calles sueltas, ligero andar; salpicaduras de seres pululando, de luces alegres y abiertas a la acera, que alumbran la vida y su apacible calor.

La mente y el espíritu relajados, en paz.

Las agujas de los quehaceres involuntariamente descuidados enhebradas. Claridad. Firme y serena disposición.

La perspectiva cercana de escaparse caprichosa y queridamente a ver a un buen y lejano amigo. Las ganas de sentirlo, a él y a su tierra, de charlar.

La primavera. Su biensentar. La tranquilidad. La paz.

6, may | 3 comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo

Cosquillas medicinales

En mi vida se ha colado un bichito que me hace cosquillas. Cosquillas suaves y dulces, que me dan calor escondidas debajo de las sábanas cuando se enreda conmigo en mi edredón, y que me llenan, al despertar, de un agradable bienestar. Su abrazo ligero me carga de energía y me revitaliza, como un relajante baño de espuma con burbujas esponjosas que me acariciara el cuerpo para adentro, oxigenándome, limpiándome, imbuyéndome de paz.

Mi bichito no toca mi interior revuelto y dolorido.

No entra, no sabe que existe. No quiere tampoco ahondar.

Se queda voluntariamente en la superficie, acariciando solo mi piel y mis sentidos, sin penetrar. En el punto justo de intensidad.

Sé, por eso, que mi bichito no es lo que busco. Que no es él quien me va a curar.

Pero aún sin acercarse me alivia a su manera, dulcificando la espera, dejándome sentir sus cosquillas livianas como un suave y tranquilizante bálsamo medicinal.

Yo, aprendo y me dejo llevar por la vida, sin rebelarme ni reclamar mi verdadera medicina, porque no sé ni si existe, ni dónde está.

El tiempo fluye, y yo fluyo con él.

Me relajo, me oxigeno. Me dejo cosquillear.  

1, may | 3 comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo

Caleidoscopio

Mis emociones son como un caleidoscopio. A cada momento que las miro, han cambiado. Con la particularidad de que no las miro, las siento, claro.

Puede parecer divertido. Pero a veces creo que me estoy volviendo loca. Nunca nada es igual. Cualquiera que sea el sentimiento que me aborde, sé que se irá. Y lo peor es que me inundan completamente, en cada poro de mis venas, en cada rincón de todo mi ser.

Cuando siento paz, siento mucha paz; cuando siento ira, me parece que voy a estallar; cuando siento tristeza no puedo parar de llorar. Cuando veo la botella medio llena me invade la euforia. Cuando la veo medio vacía, la oscuridad.

Pero la botella es la misma. Mi vida no ha cambiado. Varía solo su percepción.

No puedo fiarme de ningún sentimiento que me recorra. Oscila como un péndulo, da vueltas como una peonza. Viene, roja, amarilla, verde, gris y marrón, y luego se va.

Según se me vea, parezco otra persona. Cada día, cada momento del día, una distinta. Soy incapaz de ver la vida de forma homogénea.

Yo sola me mareo.

Me pregunto si algún día encontraré un botón para poder parar.

28, abr | 5 comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo

Escapes

No sé qué me pasa. Sé que es ésta una hora muy extraña, pero de repente estoy aquí, besándote, en medio del despacho.

Las voces son murmullos y las teclas se mueven solas. Yo no estoy.

Me he colado por la pantalla de mi ordenador. Y, zafándome del mundo, me he escapado a verte un rato, a enredarme entre tus brazos y sentir cómo tu calor me sube por el ombligo, hasta empezar a hacerme sudar.

Sudar hasta la nuca, como cuando como picante.

Ése que me deja las mejillas sonrosadas y la boca ardiente.

Ardiente y a la vez suave, como tus besos; ésos que, en esta hora y lugar extraños, han empezado a saltar como guindillas y se me han llevado un rato, jugando, hasta hacerme, sí, sudar.

Como el picante. Con tus besos. Sudando. En espiral. 

 

24, mar | 2 comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo

Chico&Rita

O cómo la pasión puede llevarle a uno mismo a perder frente a su pulso con el orgullo.

Cuánta visceralidad, al servicio toda del propio sufrimiento.

Gran lección para los dos amantes, que parece que al final del camino aprenden: tras transcurrir casi entera, la vida les permite finalmente unirse, con la sangre, antes hirviente en sus venas, ya más apaciguada, y la humildad por sombrero.

Mansos, honestos y conciliadores, los tigres se entienden mejor.

Y es que lo que no doma el hombre -o la mujer-... lo doma la vida.

9, mar | sin comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo