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La Coctelera
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Cosas para curar

Concibo al psicólogo como el Doctor del Alma. Yo creo que debería acudirse a él regularmente, a modo de prevención. Es cierto que no nos cambia la vida, pero sí que nos afina su percepción. Cuando se puede.

Nos agudiza las orejas, nos gradúa las gafas, nos enfoca la mirada hacia donde debe estar. Y todo eso, nos ayuda a sobrellevarla mejor, y a no hacer pelotas con ella.

Solemos acudir a él, sin embargo, solamente cuando nos duele algo. Algo en concreto, y generalmente de forma aguda. Nos duele un amor, o un desamor, nos duele el trabajo, nos duele una situación o nos duele la pérdida de un ser querido. Algo.

Y al menos así sabe qué es lo que tiene que sanar.

Lo malo es acudir como yo lo haría, sin saber decirle dónde me duele exactamente.

- "Señorita, ¿qué le ocurre?", me preguntaría él. "Dónde reside su pena. Dónde está su dolor."

- "No le sé decir, Doctor."

- "¿Y entonces?"

- "Es que... Me duele... Lo que me duele..."

- "¿Dónde le duele, señorita? ¿Qué es lo que le duele? Vamos. Relájese. Relájese y hable."

- "No puedo decirle, Doctor. Es que a mí... A mí lo que me duele es la vida. Me duele la vida. ¿Eso se puede curar?

Me duele la vida. No hay remedio contra el dolor de vida. El dolor de vida, así, generalizado y expandido, sin ningún foco concreto, creo que no tiene marcha atrás. Se forma tan despacio, secreta, fundada y enraizadamente, que luego ya no se puede marchar.

20, jun | sin comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo

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