Publicidad:
Terra
La Coctelera
image

Conversaciones con mamá: flores extrañas

Conduzco despacio por la carretera gris, larga y vacía. A ambos lados, campo despejado. Al fondo, las montañas nevadas, en cuyo regazo se amontonan tejados que humean débilmente. La niebla empieza a hacerse densa; los copos blancos llenan el aire que me envuelve, pintándolo todo de un nostálgico y blanquecino frío.

Termina un fin de semana voluble, un fin de semana de "síes" y "noes", como al sol resplandeciente de ayer le ha sucedido el día brumoso de hoy.

He disfrutado intensamente de la tranquilidad de estar a solas con mi hijo, sin vecinos. Solos, él y yo. De sentir en mis venas la unión armoniosa que reina entre nosotros; de nuestra paz.

Anoche, siguiendo al sol, que se escondía, se quedó con su abuela. Y yo, salí a hacerme consciente de mis "síes y mis "noes", de mis grises aún pendientes.

Sentí una vez más el azote del egoísmo palmario e inconsciente en una cena celebrada sin mucho entusiasmo entre conocidos, en honor al cumpleaños de una vieja amiga a la que, con los años, he visto pactar indefectiblemente con el diablo la belleza, tanto como el tamaño, de su ombligo. Con idéntica intensidad.

Después, una copa me sugirió la posibilidad de retozar, tal vez, al fin, con ese hombre extraño y huidizo que me he ido cruzando casualmente a lo largo de los años, en los momentos más insospechados. "Nosotros tenemos algo pendiente; pero no nos encontramos", me dijo en una ocasión, en un arranque desinhibido por el efecto efervescente de la noche y del alcohol. Al verle, acaricié la idea: por alguno de esos misteriosos mecanismos que no acierto a comprender, y sin más pretensiones, el tipo me atrae.

Un leve roce de mejillas agradeciendo la copa a la que, sin proponérmelo, le invité, fue todo lo que me llevé. En su aleteo habitual, o tal vez en un afán de mostrarse interesante y desapegado, desapareció entre el bullicio mientras yo fumaba esperando a que se soltara de las faldas que sin cesar le atrapaban.

Renunciando al deseo, finalmente me fui. Tal vez esperaba que andara tras de él, como una falda más, a buscarlo. O tal vez no. En cualquier caso yo decidí afrontar mis "noes", rechazando el juego pueril al que, si es que era el caso, me retaba. Escondí mi copa aún llena en mi chaqueta, y terminé de sorberla a medias en casa, conmigo, antes de caer dormida.

Por la mañana, me revolví al despertarme durante un par de horas en la cama, revolviendo igual que removía mi cuerpo, y como los copos que bailaban frente a la ventana, el mundo.

"No encuentro mi lugar", le dije a mi madre cuando llegó, bien entrado el día, trayéndome a mi hijo.

Me miró desde algún lugar profundo, y, serenamente, solo acertó a decir: "Me gustaría mucho poder ayudarte. Pero no tengo respuestas. Solo puedo decirte que te entiendo, perfectamente."  Hizo una pausa, reflexionando. "Eres una flor. Pero una flor rara, extraña. No abunda. Tu sensibilidad te hace única; pero también te hace sufrir. Por fortuna posees también una gran fortaleza mental. Debes aprender, con ello, a encontrar tu equilibrio."

Mientras conduzco por la carretera blanca, recuerdo sus palabras. Y se me hace de repente tremendamente patente y densa, como la niebla que me envuelve, una certeza que asoma plomiza a mi realidad: en al menos media vida recorrida, he sido incapaz de unirla a la de nadie. Mi pequeña única e intangible unión somos mi madre, mi hijo y yo.

Tres flores raras y extrañas, que sobreviven como pueden en un jardín salvaje.

Confío, con todas mis fuerzas, en que mi hijo sea más fuerte; y lo asuma y acepte, encontrando su lugar, mucho antes que yo.  

28, feb | 4 comentarios Posteado por: retazosdevida En: 2011 compártelo

4 comentarios

sin verdades absolutas 2 mar 2011 | 05:28 PM

Todos hemos visto flores que nacen en los sitios mas inospitos; entre las rocas, en la tierra mas arida que jamas hayas visto.... Todos las miramos nos preguntamos que hará una flor aqui, la tocamos con cuidado, y la dejamos. No nos la llevamos a casa para transplantarla. Asumimos que si la naturaleza ha decidido que nazca ahi, es por algo. La flor de ninguna parte espera a que crezca a su lado otra flor de ninguna parte. Lo único que tengo claro, es que si las flores hablaran no dirian frases como "Nosotros tenemos algo pendiente; pero no nos encontramos", Maite, ya se que estoy mayor, pero repasando mis inmortales frases de adolescencia, juventad y segunda juventud, puedo afirmar que has dado con el CAMPEON DEL MUNDO, Supongo que el que no busca no merece ser encontrado. Hasta pronto

Maite 2 mar 2011 | 09:10 PM

Pues yo supongo lo mismo, Toni... O que aquello que no se encuentra es porque no ha de ser encontrado. "Lo que es tuyo, vendrá a ti", dicen los sabios. De todas maneras, mi vida ha sido una CARRERA de CAMPEONES DEL MUNDO, jajajjj!!! Qué comentario más bonito. Me ha gustado mucho; me gusta tu sabiduría "de mayor" ;-), jovenzuelo, que sabe hablar de "flores de ninguna parte". Sé que habemos muchas; pero crecemos en distinto lugar. El milagro es encontrarnos. Un besazo.

Cata 7 mar 2011 | 12:13 PM

Que sabias son (sois) las madres. Qué mejores palabras que las que te dijo tu madre? Al leerte se nota, tu rareza, pero rareza de la buen, de la que te hace única. Y esa sensibilidad y fortaleza de la que habla tu madre también... y que manía la nuestra por querer encontrar nuestro sitio... para luego sentirnos atrapados en ese sitio no???? y por qué no pensar que "el lugar o el sitio" lo creamos cada vez que estamos con esas personas con las que nos une una conexión especial y es que Maite, tu si tienes un lugar,tu sitio es cualquier lugar donde esté tu hijo. Beso enorme

Maite 7 mar 2011 | 09:50 PM

Tú también eres sabia, Cata. Me gustan mucho tus palabras; y tu mirada. Y tienes toda la razón: en realidad, el sitio está en uno mismo, cada vez, y en compartirse con aquello y aquellos que nos hacen, y a quienes hacemos, bien. Con nuestros "síes"; ése es nuestro lugar, el de las flores raras. Muchas gracias por este comentario tan grande, y tan positivo. Un beso enorme para tí, Cata!!

Escribe un comentario