Memoria selectiva
Podría recordar sus manos, sus dedos largos, finos y elegantes; o su altísimo cuerpo ancho, que me podía tres veces envolver. Podría recordar sus labios carnosos; su nariz recta; esos dientes alineados y angulosos que le dibujaban esa tan especial sonrisa, amplia y abierta, como todo él. Su tono empático y amigable, familiar; o su expresión resuelta y relajada, que transmitía que dentro, todo estaba bien. Su ternura, chocante en ese cuerpo tan grande; sus caricias, que hicieron estremecer cada rincón de mi piel. Su lengua, ávida, experta y suave, que me hizo estallar de placer.
Podría.
Pero yo, recuerdo sus ojos.
Esos ojos color miel oscuro, inquietantes, inacabables e insondables, que hicieron que mi alma buceara hasta un lugar del que no quería volver.
3, dic | sin comentarios retazosdevida En: 2010 compártelo

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