« Vida | Inicio | Qué le ves »
Buenos días
Me despierto extraña. O mejor dicho, extrañamente. Sin ayuda de nada, ni despertadores ni alarmas ni gritos ni rayos de sol, de golpe e inusualmente temprano. El desconcierto de tal despertar me impulsa a saltar de la cama con urgencia, pero me resisto. Cuento las horas, recuerdo que estoy sola, que no tengo nada que hacer, que nada ni nadie me espera; quiero pues seguir durmiendo. Dormir se ha convertido en mi mayor fuente de energía vital.
Me enrosco en la almohada. Me sumo en un estado de semi-inconsciencia, entre el cielo y la tierra, agarrada a mi pequeño cojín. Volteo de un lado, del otro, recobro la conciencia, la vuelvo a desvanecer. Mi cuerpo y mi espíritu luchan antagónicos, uno para cada lado; dormir, levantarme, dormir, levantarme. Suena la alarma. Diez minutos más. Vuelve a sonar. Diez minutos más. Qué carajo, ¿porqué diez minutos? Enciendo el teléfono y la retraso una hora. Me vuelvo a voltear. Me entra un mensaje de un número que no conozco. Me vuelvo a voltear. Suena el teléfono. Es Mercè, que sigue mal. Me vuelvo a voltear. Pero esta vez, me quedo pensando. Decido levantarme por fin: las señales de "los elementos" parecen claras.
Mientras al bajar admiro el sol entrando por el ventanal -qué poder, el de este pequeño espectáculo, no deja de inundarme con sus maravillosos efectos cada mañana; por mucho que se repita, no consigue convertirse en rutinario en mi interior-, decido desayunar rico. Me enfundo un chándal en dos segundos y salgo a comprar pan. Qué maravilla de barrio, todo a medio tiro de piedra. Compro un pan de centeno calentito y un zumo de naranja natural; al ver el del señor de al lado mi cuerpo me lo ha pedido con pasión. Me doy el capricho; total, es un capricho sano.
Me siento en el sofá, al sol, patio abierto, a desayunar mientras escucho Las Bodas de Fígaro. Es un momento que me gusta disfrutar, así, recreándome en él sin hacer nada más. Es mágico, es mi real despertar. Dejo que los pensamientos me vengan a la mente solos, sin dirigirlos, naturales, con solo mirar las flores rojas y sentir en mi cuerpo la energía del primer alimento de la mañana.
Me divierto observando qué decide asomar a mi mente; mil cosas, inconexas, de ahora, de mañana, de ayer. Me digo que más que pensamientos, lo que me asoman son sensaciones; si se me pudiera dibujar a esa hora del día, sería una figura chorreando por todo su cuerpo sensaciones de todos los colores, como una inmensa fuente multicolor.
De repente me acuerdo de cuando esos momentos, ese desayuno, en ese sofá, eran compartidos, y se me hace patente el silencio de mi soledad. De mi soledad querida y abrazada, y disfrutada, porque mucho más grande era, entonces, ayer, esa misma soledad, aunque la rechazaba obstinadamente, tratando de llenarla con un cuerpo vacío, un cuerpo que no quería estar.
Me imagino entonces de nuevo compartiendo estos momentos, este espacio, este despertar. Mañana.
¿Sabrás acostumbrarte a saborear la tranquilidad, cuerpo inquieto, cuando estés por fin a mi lado? ¿Sabremos comulgar nuestras almas, llenar nuestros espacios vacíos, respetar los que no lo están?
¿Sabremos compatibilizar nuestros tiempos? ¿Sabremos encontrarnos por fin?
¿Sabremos? ¿Sabré? ¿Sabrás?
26, jun | 2 comentarios retazosdevida En: 2010 compártelo
« Vida | Inicio | Qué le ves »

2 comentarios
Que bonito, Maite!
Sabrá, como no va a saber??? y además estará deseando!!!
Que importante es eso de "coordinar los tiempos" ... en todos los sentidos!
Gracias Cata.... bueno, eso espero, que sepamos... qué difícil "coordinar", en general! pero si dos quieren, se sabe, no...? ;-) Un beso guapa!
Escribe un comentario